• Vicente marco

Malasanta

De Malasanta y de Antonio Tocornal se han dicho tantos (más que justificados) elogios que resulta difícil hablar de ella sin caer ya en el tópico. Así que seguramente repetiré lo que ya se ha escrito, una novela en la que cada palabra, trabajada con paciencia de artesano, lleva a un fin, un ejercicio a caballo entre el cuento (del que Tocornal es sin duda un maestro, uno de los mejores cuentistas de la actualidad) y la novela, una trama descarnada y unos personajes peculiares pero muy verosímiles que no te abandonan tras haberla leído, que se quedan como a formar parte de tu vida; y el humor, sobre todo el humor, porque esta novela de Antonio no podría leerse sin que causara un agujero muy grande de no haber mediado ese humor fino y esa manera de contar tan particular e ingeniosa, que la y lo hace grande. En ocasiones he sentido la pasión que me llevó a devorar Bajamares, en otras me ha parecido tan adorable (y el término no está empleado aquí como un cliché) como sus Pájaros sobre un cielo de estaño, me ha llevado a un lugar llamado la Ciénaga, que posee las virtudes narrativas Tocornal, esa magia interior que comparte generosamente en sus novelas. La obra obtuvo el premio Felipe Trigo y no me extraña que encandilara al jurado porque en sus cinco capítulos uno se adentra en la vida de Malasanta y quiere más, más, más, saber más, seguir allí, no salir al mundo real rodeado de situaciones banales. Así que no hace falta que caiga yo en el ya tan manido «es muy recomendable» para sugeriros que la paladeéis despacio, saboreando cada frase y cada párrafo, porque vale mucho la pena. Enhorabuena, Antonio Tocornal.


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